Era un buscador de la Verdad. Había emprendido una larga peregrinación, tras muchos años de indagar en la Realidad Suprema y de someterse a un arduo trabajo espiritual. A pesar de sus regulares ejercitaciones y de la práctica asidua de la meditación, tenía ocasión de comprobar, desanimado, hasta qué punto su mente era indócil y se negaba a obedecerle. Pero cierto día, al pasar por un pueblo, pudo contemplar a un ladrón que estaba desvalijando una casa. El ladrón permanecía sumamente concentrado, como si la vida le fuera en ello. Entonces el peregrino se aproximó a él y le dijo: -Amigo mío, te nombro mi maestro. -¿Cómo? -exclamó sumamente sorprendido el ladrón. -Sí, buen hombre, tú te convertirás en mi maestro de concentración y yo, en tu maestro de virtud. Con concentración y virtud ambos hallaremos la sabiduría que nos procurará la perla de la paz interior. Ramiro Calle (El Libro de la serenidad).

 

Categoria: Frases

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