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Cuentos para reflexionar | Sorprende A Tu Corazón

Cuentos para reflexionar Archives

MILAGROS

Vaya, ¿Quien da importancia a un milagro?
En cuanto a mi, no conozco más que milagros,
sea que camino por las calles de Manhattan,
o alce la mirada por encima de los tejados de las casas hacia el cielo,
o ande descalzo por la playa junto al borde del mar,
o me pare bajo los árboles del bosque,
o hable de día con cualquiera a quien ame, o duerma en la cama
de noche con cualquiera a quien ame,
o me sienta a la mesa a cenar con mi madre,
o mire a extraños frente a mí circulando en coche,
u observe las abejas atareadas alrededor de la colmena en una
mañana veraniega,
o los animales pastando en el campo,
o los pájaros, o la maravilla de insectos revoloteando en el aire,
o la maravilla de la puesta del sol, o de las estrellas reluciendo tan
silenciosas y brillantes,
o la exquisita y delicada fina curva de la luna nueva en primavera;
o vaya con quienes más me gustan y con a quienes más les guste
yo: mecánicos, barqueros, granjeros,
o con eruditos, o a una velada, o a la ópera,
o contemple largamente los movimientos de máquinas,
o mire a niños haciendo deporte,
o la admirable imagen del anciano perfecto o la anciana perfecta,
o la del enfermo en un hospital o la del difunto siendo llevado a
enterrar,
o la de mis propios ojos y figura reflejados en el cristal;
esas cosas, con el resto, una y todas, son para mí milagros,
que forman parte del todo, aunque cada una sea distinta y ocupe
su lugar.
Para mí cada hora de luz y oscuridad es un milagro,
cada pulgada cúbica de espacio es un milagro,
cada yarda cuadrada de la superficie de la tierra está sembrada
de lo mismo;
cada pie del interior está bullendo de lo mismo;
cada brizna de hierba, los cuerpos, los miembros, los órganos de
hombres y mujeres, y todo cuanto tiene que ver con ellos,
todo eso para mí son milagros inefables de tan perfectos.
Para mí el mar es un continuo milagro;
Los peces que nadan, las rocas, el movimiento de las olas, los
barcos con los marineros a bordo,
¿acaso hay milagros más extraños que ésos?

Walt Whitman.-

WALT WHITMAN

FELIZ INSTANTE

“He cometido el peor pecado que un hombre puede cometer. No he sido feliz”
Jorge Luis Borges

TU LUZ

EL ANCIANO Y LA VELA

Un anciano, en su lecho de muerte, llamó a sus tres hijos y les dijo:

—No puedo dividir en tres lo que poseo. Eso dejaría muy pocos bienes para cada uno de vosotros. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más hábil, más inteligente.

Dicho de otra manera: a mi mejor hijo. He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Cogedla. El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa se quedará con todo.

– Se fueron. El primer hijo compró paja, pero sólo consiguió llenar la casa hasta la mitad.

El segundo compró sacos de plumas, pero no consiguió llenar la casa más que el anterior.

El tercer hijo, que consiguió la herencia, sólo compró un pequeño objeto. Era una vela. Esperó hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz.

Cuento sufí

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¿HASTA CUANDO DORMIDO?

Era un pueblo de la India cerca de una ruta principal de comerciantes y viajeros. Acertaba a pasar mucha gente por la localidad. Pero el pueblo se había hecho célebre por un suceso insólito: había un hombre que llevaba ininterrumpidamente dormido más de un cuarto de siglo. Nadie conocía la razón. ¡Qué extraño suceso! La gente que pasaba por el pueblo siempre se detenía a contemplar al durmiente.

Pero, ¿a qué se debe este fenómeno? –se preguntaban los visitantes. En las cercanías de la localidad vivía un eremita. Era un hombre huraño, que pasaba el día en profunda contemplación y no quería ser molestado. Pero había adquirido fama de saber leer los pensamientos ajenos.

El alcalde mismo fue a visitarlo y le rogó que fuera a ver al durmiente por si lograba saber la causa de tan largo y profundo sueño. El eremita era muy noble y, a pesar de su aparente adustez, se prestó a tratar de colaborar en el esclarecimiento del hecho. Fue al pueblo y se sentó junto al durmiente. Se concentró profundamente y empezó a conducir su mente hacia las regiones clarividentes de la consciencia. Introdujo su energía mental en el cerebro del durmiente y se conectó con él. Minutos después, el eremita volvía a su estado ordinario de consciencia.

Todo el pueblo se había reunido para escucharlo. Con voz pausada, explicó: -Amigos. He llegado, sí, hasta la concavidad central del cerebro de este hombre que lleva más de un cuarto de siglo durmiendo. También he penetrado en el tabernáculo de su corazón. He buscado la causa. Y, para vuestra satisfacción, debo deciros que la he hallado. Este hombre sueña de continuo que está despierto y, por tanto, no se propone despertar.

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EMPEZAR POR LO PEQUEÑO

 

                   EMPEZAR POR LO PEQUEÑO.-

 

Un asceta meditaba profundamente en su cueva cuando se sintió molestado por un ratoncillo que se puso a roer sus ropas.

-Márchate estúpido -dijo el ermitaño-. ¿No ves que has interrumpido mi meditación?

-Es que tengo hambre -contestó el ratón.

-Llevaba más de treinta días de meditación buscando la unidad con Dios y me has hecho fracasar -se lamentó el ermitaño.

-¡Cómo buscas la unidad con Dios si no puedes siquiera sentirte unido a mí que sólo soy un simple ratón? -respondió el roedor.

ASCETA MEDITANDO

Shri hijo mío,
Debes llevar esto en tu mente:

Hay tres cosas que no deberían de olvidarse:
El Guru lleno de gracia,
El Buda iluminado
Memoria y conciencia.

Hay tres cosas que deberían recordarse:
El preceptor que te ordena,
Las enseñanzas que revelan el sendero,
Y la disciplina.

Hay tres cosas que debes tener:
Una mente que permanezca donde esta el cuerpo,
Un cuerpo que permanezca en el lugar adecuado,
Una mente que more en un estado de relajación.

Hay tres cosas que es mejor olvidar:
La cólera contra los enemigos,
El apego a los seres amados,
El sueño perezoso.

Hay tres cosas que es mejor restringir:
La lengua en público,
La mano en privado,
Los pensamientos siempre.

Hay tres cosas sobre las que uno debería de guardar silencio:
Las propias virtudes,
Las faltas de otros,
Nuestras intenciones para el futuro.

Hay tres cosas de las que uno no debe dar muestras:
El impulso a renunciar a los apegos mundanos,
La cebada trampa de la propia hipocresía,
La insistencia en exhibir el propio fervor religioso.

Hay tres cosas en las que uno debería de ser flexible:
Hablando con un amigo,
Llevando las vestimentas propias del país,
Dirigiendo la mente hacia el Dharma.

Hay tres cosas que no deberían de escucharse:
Palabras aduladoras,
Charlas de última locura,
Consejo de un necio.

Hay tres cosas que uno no debería ambicionar:
La fortuna de un hombre rico,
Una posición de categoría,
Vestidos superfluos.

Hay tres cosas de las que uno no debería hablar mal:
De una persona respetada,
De la mercancía de otro,
De un buen amigo.

Hay tres cosas que uno no debe ensalzar:
A un hombre que es vilipendiado por otros,
A un loco presuntuoso,
A tu propio hijo ante los demás.

Hay tres cosas que uno no debería ni ensalzar ni criticar:
A los familiares,
A un hombre del que nada sabes,
En realidad, a nadie.

Hay tres lugares a los que no deberíamos ir:
Entre gente hostil,
A una aglomeración multitudinaria,
A un lugar donde se juega.

Hay tres cosas de las que no se debería hablar:
Del Dharma a quienes no quieren oírlo,
De asuntos privados con extraños,
De fantasías sin sentido.

Hay tres cosas que no deberían hacerse:
Comportarse temperamentalmente con un amigo,
Hablar inconsecuentemente,
Actuar con dos caras.

Hay tres cosas de las que uno debería refrenarse:
Presumir de la propia importancia,
Señalar repentinamente las faltas de los demás,
Menospreciar a los demás.

Hay tres cosas que uno no debería ofrecer:
Devoción a un charlatán,
Regalos a aquellos de más alto rango,
Los más infinitos pensamientos a cualquiera.

Hay tres cosas en las que uno no debería dejar la mente:
El cuerpo de hermosas muchachas,
La conducta de un amigo,
Las propias virtudes.

Hay muchas otras cosas que deberías recordar, pero lo esencial es observarte a ti mismo en todo momento. No lo olvides, tanto la práctica mundana como espiritual están aquí contenidas. Estas pocas palabras están llenas de profundo significado, no las ignores.

A mi querido hijo, Shri,
De Naljorpa Trime-Lodro.

 

SU RUEGO….FUE ESCUCHADO

Pedí a Dios la fuerza de conquistar,

y el Señor me hizo débil

para enseñarme a obedecer.

Pedí que me ayudase a hacer cosas mayores,

y el señor hizo que enfermara

para hacer cosas mejores.

Pedí riquezas para ser feliz,

y me dió la pobreza

para que fuese bueno.

Pedí tener de todo para gozar de la vida,

y tuve la vida

para poder gozar de todo.

No tuve nada de lo que había pedido,

pero tuve todo lo que había esperado,

y fuí entre todos los hombres

el más generosamente beneficiado.

LA FLOR DE BUDA

En cierta ocasión mostró Buddha una flor a sus discípulos y les pidió que dijeran algo acerca de ella. Ellos estuvieron un rato contemplándola en silencio.

Uno pronunció una conferencia filosófica sobre la flor.

Otro creó un poema.

Otro ideó una parábola.

Todos tratando de quedar por encima de los demás.

Mahakashyap miró la flor, sonrió y no dijo nada. Sólo él la había visto.

NO BUSQUES…ENCUENTRA.

«¿ Qué hace falta para alcanzar la Iluminación?», preguntaron los discípulos.

Y respondió el Maestro: «Hay que averiguar qué es lo que cae en el agua y no produce ondas, se mueve entre los árboles y no hace ruido, atraviesa un prado y no mueve una sola brizna de hierba».

Después de reflexionar durante semanas, los discípulos se dieron por vencidos: «¿ Qué cosa es ?»

«¿Cosa?», preguntó el Maestro. « ¡No es ninguna cosa!»

«Entonces, ¿no es nada?»

«Ésa sería una forma de decirlo. . .»

«¿Y cómo podemos buscarlo?»

«¿He dicho yo que hubiera que buscarlo? Se puede encontrar, pero no se puede buscar. 

Si se busca, no se encuentra».

Foto: Alvaro Ramos.

SOÑADOR

CUENTO SUFI

Una vez vino del desierto a la gran ciudad de Sharia un hombre que era un soñador, y no tenía nada más que sus ropas y efectos personales. Mientras caminaba por las calles miraba con asombro los templos, torres y palacios, pues la ciudad de Sharia era de gran belleza. Habló mucho con los paseantes, preguntándoles sobre su ciudad, pero ellos no entendían su idioma, ni él el de ellos.

A mediodía paró delante de una gran posada. Estaba construida de mármol amarillo y la gente entraba y salía constantemente. “Debe de ser un lugar sagrado”, se dijo a sí mismo, y entró. Pero cuál fue su sorpresa al encontrarse una sala de gran esplendor y una gran compañía de hombres y mujeres sentados en varias mesas. Estaban comiendo y bebiendo mientras escuchaban a los músicos.

“No”, se dijo el soñador, “esto no es un lugar de adoración”. Debe de ser una fiesta dada por el príncipe al pueblo en celebración de algún gran acontecimiento. En aquel momento, un hombre a quien tomó por el esclavo del príncipe se le aproximó y le dijo que se sentara. Fue servido con carne y vino, y con los mejores dulces. Cuando estuvo satisfecho, el soñador se levantó para partir.

Un hombre de grandes dimensiones le paró en la puerta. Estaba magníficamente vestido. “Seguramente debe de ser el mismo príncipe”, dijo el soñador en su corazón, y se inclinó y le agradeció. Cuando el hombre le habló en el idioma de la ciudad: “Señor, no ha pagado su comida”, el soñador no le entendió y volvió a agradecerle de corazón.

El hombre examinó más de cerca al soñador. Y vio que era un extranjero, vestido eso sí en pobres ropas, y que no tenía por lo tanto de donde pagar su comida. Entonces, el hombre dio una palmada y a su llamada vinieron cuatro vigilantes de la ciudad. Cuando cogieron al soñador, situándose dos a cada lado, el soñador les miró con placer. “Éstos”, se dijo, “son hombres distinguidos”.

Caminaron juntos hasta la Casa de Justicia y entraron. El soñador vio delante de sí, sentado en un trono, a un venerable hombre con gran barba y vestidos majestuosos. Y pensó que era el rey. Y se alegró mucho de haber sido traído ante él.

El vigilante relata al juez, que era aquel venerable hombre, el cargo contra el soñador, y el juez le asigna dos abogados, uno para presentar el cargo y el otro para defender al extranjero. Y los abogados se pusieron de pie, uno detrás del otro y presentaron cada uno sus argumentos. Mas el soñador pensó que estaba escuchando su bienvenida y su corazón se llenó de gratitud hacia el rey y el príncipe por todo lo que estaban haciendo por él.

Así, la sentencia le fue dada al soñador, a quien se le colgó en su cuello una tableta con su crimen escrito y se le hizo atravesar la ciudad sobre un caballo sin ensillar con un trompetista y un tamborilero precediéndole. Los habitantes de la ciudad corrieron hacia esta comitiva al oír el ruido y cuando vieron al soñador se rieron de él. Y los niños corrieron detrás de él en grupos de calle en calle. Y el corazón del soñador estaba extasiado y sus ojos brillaban al mirarlos, pues, para él, la tablilla era un signo de bendición del rey y la procesión era en su honor.

Durante dicho recorrido, vio entre la multitud a un hombre que era del desierto como él y su corazón se lleno de alegría y le gritó:

-“¡Amigo! ¿Dónde estamos? ¿Qué ciudad anhelada por el corazón es esta? ¿Cuál es la raza de estos huéspedes pródigos que celebran al huésped afortunado en sus palacios, cuyos príncipes son sus compañeros, y cuyos reyes ponen sobre su pecho un amuleto y le abren la hospitalidad de una ciudad que desciende del cielo?”.

Y aquél, que era también del desierto no le respondió. Sólo sonrió y sacudió ligeramente su cabeza. Y la procesión siguió de largo. Y el rostro del soñador siguió transportado de alegría y sus ojos llenos de luz.


TU MUNDO SE TE MANIFIESTA, SEGÚN SEAN TUS CREENCIAS, SEGÚN SEA LA PERSPECTIVA QUE TENGAS DE ÉL. TU FORMA DE SENTIR Y PENSAR EL MUNDO, SERÁ TU REALIDAD. ¡TU ELIGES QUE QUIERES EXPERIMENTAR!.

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