Un estudiante del zen acudió al maestro Bankéi y le planteó un problema:

-Maestro, tengo una irascibilidad ingobernable. ¿Como puedo curarmela?.

– Tienes una cosa muy extraña -respondió Bankéi-.Quisiera verla.

– Ahora mismo no puedo mostrársela -repuso-.

– ¿Y cuando me la puedes mostrar? -preguntó el maestro-.

-Me viene de improviso -explicó el estudiante-.

Entonces, concluyó Bankéi- no ha de ser tu propia naturaleza. Si lo fuera, podrías mostrármela en cualquier momento. Cuando naciste, no la tenías; y tus padres, no te la dieron. Piensalo bien.

Cuento Zen.

La ira no forma parte de nuestra naturaleza. A pesar de ello, nadie está libre de ella. Es una poderosa fuerza que surge repentinamente, desde lo más profundo de nuestro interior. Creerse libre de ella, es estar expuesto a que aparezca en cualquier momento. La ira nace del deseo, y de su consecuencia, la frustación. La mejor manera de entender la ira es aprendiendo a canalizarla. Nada es algo por si mismo: Un bisturí no es ni bueno ni malo, puede curar o matar. Sabiduría Zen.